miércoles, 19 de febrero de 2014

"Un suspiro que me vacíe el pecho y me comprima el alma contra el esternón es lo único que yo buscaba. Un suspiro que borrare la memoria y paralizase la circulación después de leer la nota en la que él había escrito "muere bajo mis sábanas".
Un suspiro que me nublase la vista porque el aire falta.
Porque él falta."

"Adoraba desde pequeño viajar en tren, así es que no sería un esfuerzo.
El único enemigo de nuestros besos era el tiempo, que nos separaba en la distancia de los días.
Inhalarle, que me inhalase. No pedíamos tanto.
Pero el tiempo - al que ya nombré como enemigo de nuestros besos y repito como hincapié de un dolor que ahora me quema - me sentaba frente a él como una madre que espera con la luz encendida a que llegues a casa de madrugada, y me lo negaba; el permiso que yo necesitaba para encontrarme con sus manos."

A J.S.

domingo, 16 de febrero de 2014

'Y cuando tiemblas de rabia, te sangran los nudillos y el sentido común se tambalea, te das cuenta de que vuelves a estar donde te juraste que nunca volverías a pisar. Y tu, cojo de equilibrio y de sentimientos, con la razón al otro lado del ring, sangras los restos de los últimos sentimientos, coges aire - por la que juras que será la última vez - y te lanzas a ciegas, con los ojos llenos de lágrimas, contra tu peor rival, lo que ves cuando te miras en el espejo.'


An.

domingo, 9 de febrero de 2014

"Lo que busco es tu saliva en mi boca, o igual tus pies en mi cama, tu alma en mis sábanas, tus manos en mi nuca. Y así estoy, mirando debajo de las piedras a ver sí deje alguna llave escondida para cuando llegue de madrugada al frío vacío de esta casa abandonada desde la que te escribo."


Y otra vez la misma habitación.
La misma cama por hacer y la misma pared con fotos que se caen.
Los mismos recuerdos que retumban en los rincones.
Y la misma sensación que le impide huir.
La bombilla, solitaria, parpadea intentando contener su ultimo aliento mientas ella está tumbada en el suelo, con los pies en la pared.

Está de espaldas a la ventana y parece que las vetas de la madera fluyen hasta encontrarse con las ideas que se le amontonan en la cabeza.

El teléfono, silencioso, está tirado por algún rincón, probablemente entre las cervezas vacías.
Colgados del sofá, unos vaqueros.

La luz que entra por las rendijas de la persiana le molesta en los ojos, y en su boca se junta el gusto de la resaca con el sabor amargo de la derrota.
En el calendario hay tachados tres días, y, en la mini cadena empieza a sonar de nuevo la misma canción.
Si no fuera por el tic tac del reloj de la pared, diría que el tiempo se ha parado.

Sin embargo, el ruido de los coches es incontenible.

Ella misma se ha encerrado en una cárcel sin barrotes.

El teléfono comienza a sonar, y se arrastra a por él, dejándose caer luego contra la pared.
Mira quien llama y lo vuelve a dejar caer al suelo.

Reúne fuerzas para levantarse y va a por otra cerveza. Ha perdido la cuenta de las que lleva hoy.

En la cocina, el neón hace que todo sea demasiado reluciente. Era pequeña, pero para un alma solitaria como ella, era demasiado grande.
Se sentó en la encimera, con los pies colgando.

La nevera hacía ruido, y del grifo caían gotas que retumbaban como cañonazos en la habitación.
Las paredes se le caían encima también allí.

De repente, la bola de pelo apareció por la cocina. Se acercó lentamente y en sus ojos se vio reflejada tal y como estaba en ese momento.

Cansada, derrumbada, furiosa.

Con un suspiro se levantó de un salto y se dirigió al baño.
Se quitó la camiseta raída y se metió en la ducha, donde quizá el agua consiguiera sacarla de su cárcel invisible.

Un chorro de agua fría le cayó encima, y, sin previo aviso, empezó a llorar.

Se dejó caer, y, abrazada a sus rodillas, dejó que las lágrimas borraran los efectos del pasado.
Casi lo consigue.

Esta vez la batalla había podido con los prisioneros de guerra.

jueves, 6 de febrero de 2014






'Es eso sabes. Solo eso. La sensación de vacío, de vuelco. Y el saber que cuando vuelva a mirarte a los ojos, pasará otra vez. Y no hay nada que pueda hacer para evitarlo. Lo peor no es eso, sino pensar que realmente le he cogido cariño a esa sensación, y me hace recordar de pronto que hay algo en mí una mínima parte, 
que sigue viva.

A pesar de todo, 
Me sigue gustando el olor a café recién hecho.'

miércoles, 5 de febrero de 2014

xx



Al mundo le importa una mierda si ríes o lloras. Si fumas, follas o bebes. Si dices que eres vegetariano, gordo, heavy, gótico, o moderno. Si usas camisas de cuadros o de lunares, moño, raya al medio o barba de seis meses, cuatro días y tres horas y media. Si oyes electrónica, o metal, o post-hardcore. O clásica. O mejor aún, cantos tibetanos, yo que sé. Al mundo le importa una mierda que seas un machista, o una feminista, o que llores porque no te dio el beso de despedida. 


Al mundo le importa una mierda que te tomes el café frío, que pierdas el bus, o que pongas la música demasiado alta. Que prefieras perderte por el camino, o llegar diez minutos antes para reñir al que llega cinco minutos tarde. Al mundo le importa una mierda tu rallada catorce, o tus siete problemas tan tan grandes que no te dejan dormir. 


Al mundo le importa una jodida mierda si te caes, te duele, te quedas en el suelo o te levantas. Al mundo le importa una mierda tus notas en la carrera, tus recetas del médico, o el lunar que no te gusta en el muslo derecho. Que de repente no te quede bien tu pantalón favorito, o que quieras empezar por vigésimo cuarta vez la 'Operación Bikini'. Que vuelvas al deporte, o no. Que tires tu fotografía favorita a la basura
, o que le des puñetazos a cualquier pared. 


Al mundo le importa una jodida mierda si eres feliz o no, si tienes alguien en quien apoyarte o te niegas a aferrarte a un salvavidas y te dejas hundir. 


Pero cuando ese mundo se reduce a un par de personas que te demuestran que aún quedan cosas por las que tirar, que tu nostalgia es compartida, tus ralladas van a medias, y que con un abrazo el ahogarse es menos ahogo,
es a mi a quien le importa una mierda el mundo.


Que le jodan a todo,
yo sigo. 


An.